Esto parece una decisión relativamente cíclica, puesto que en 2014 pasé por la misma travesía. Doce años después, mucho parece haber cambiado.
Llevaba tiempo con problemas térmicos en mi computador de escritorio. Resulta que cada vez que quería abrir el Marketplace (el del pueblo, no el mal invento del retail chileno) se pegaba un subidón de temperatura al que no daba crédito. Pensaba también en todos esos artículos que decían respecto al gaming actual, que los desarrolladores ya no se esforzaban en hacer su software eficiente, toda vez que el computador gamer disponía de una buena cantidad de fuerza bruta disponible, con lo que estoy parcialmente de acuerdo. En realidad, nunca me molestó tanto, hasta que…
Windows 11 como piedra de tope
No hubo caso. Después de 10 años ininterrumpidos usando Windows 10 contemplé la posibilidad de actualizar. La instalación de Windows 11 duró exactamente 40 minutos instalada en mi PC. Por alguna razón todo empezó a funcionar a tirones, problemas de rendimiento varios y un sistema que no me da confianza. No soy gamer acérrimo ni tampoco estoy usando cosas que consuman gran poder de cómputo. Tampoco requiero toda la enorme cantidad de memoria que tenía ese computador.
Las specs del computador saliente
Para ilustrar un poco mejor lo que estoy intentando explicar, les dejo las specs de mi PC al momento de su desconexión:
- AMD Ryzen 7 5800X, ventilado con un water cooler AIO Cooler Master de 360mm
- ASUS TUF GAMING X570–PLUS (Wi-Fi)
- 64 GB de RAM (4 x 16GB Kingston FURY 3466MT/S)
- 3 TB de SSD (1 x 2TB Samsung PM991 + 1 x 1TB Kingston NV1)
- NVIDIA GeForce RTX 3060 Ti (EVGA)
- Capturadora Elgato HD60 PRO
- 3 x Monitor Samsung 24″ 1080p
- y la ensalada de cosas conectadas por USB
Desde luego que no es mal equipo.
Mi caso de uso
Antiguamente hacía stream (no es que me haya retirado todavía pero la posibilidad está más cerca que nunca), por tanto en el equipo funcionaban constantemente tres capturadoras, varias cámaras y la tarjeta gráfica también era convenientemente exprimida. Sumado, en mi anterior trabajo requería tener máquinas virtuales corriendo todo el tiempo para unos aplicativos basados en Java que se negaban a correr bien en cualquier sistema que fuera posterior a Windows 7. En mi trabajo actual requiero de una emuladora de terminal robusta, cliente de correo electrónico y algo para hacer diagramas. Para mi labor docente, me basta con una suite de ofimática y acceso a bibliografía de referencia.
La lenta y temerosa adopción
Mi trabajo por políticas de seguridad requiere que mi computador tenga, como mínimo, un sistema operativo con soporte en alguna de sus últimas dos actualizaciones mayores. Evidentemente, desde que mataron Windows 10 yo ya no cumplía con el requerimiento. Entonces tenía dos opciones: Actualizarme a Windows 11 contra mi voluntad o… probar un Mac.
Escogí esta última por dos razones principamente: Eficiencia energética y la necesidad de un cambio.
Resulta que mi PC gastaba la no despreciable cantidad de 200 watts por el mero hecho de estar encendido, sin hacer nada. Acostumbrado a tenerlo encendido las 24 horas, resultó a partir de un simple cálculo de consumo energético, que solo este computador era el responsable de, aproximadamente, el 30% del consumo de energía de esta casa.
Y para el cambio busqué alternativas que se adaptasen mejor a mi nuevo caso de uso, mucho más ligero que el anterior. Y para mi sorpresa, el Mac mini con M4 era por lejos la mejor opción: un equipo compacto, eficiente, basado en ARM (ya hablaré de eso), que en peak de consumo llega a míseros 65 watts. No tenía por dónde perderme. Y a eso, sumarle que aproveché un descuento académico para comprar el modelo base del Mac mini por CLP 599.990, CLP 100.000 menos que el precio de lista.
Las maravillas de ARM
Llevaba mucho tiempo pensando en el poder de cómputo de los celulares actuales. Muchos de los teléfonos Android son capaces de levantar máquinas virtuales por si solos sin problema alguno, y para lo que la gran mayoría de la gente hace con sus computadores es más que suficiente. Por eso no me extrañó que la transición de Apple hacia procesadores ARM resultara tan avasalladora. En mi experiencia ha sido un equipo que se mueve impecablemente respecto a tareas que no requieren gran poder de cómputo, llámese consultar el correo, ver videos, chatear, etc.
Impresiones hasta el momento
Llevo dos semanas desde que decidí hacer el cambio y hasta ahora no me he arrepentido en lo absoluto. Me gustaría seguir desarrollando la idea con algo más de detalle, pensando en que esto podría ser motivacional para que alguien más que la esté pensando se de el salto. En lo que a mí respecta, he logrado mover todo mi flujo de trabajo casi sin daños, estando todavía en la parte de la curva de aprendizaje donde debo adaptarme mecánicamente a que las combinaciones de teclas y el comportamiento de los periféricos en Mac son diametralmente distintos. Aun con todo eso en mente, ha sido hasta ahora puro placer.